"Madrid es una ciudad sin fábricas y casi sin obreros. Su población está compuesta de una equívoca clase media, que vive gloriosamente de sua raídas pensiones y escasos sueldos y que detenta el crédito con éxito provinciano. Se calculam em cien mil los funcionarios públicos, y en treinta mil los estudiantes. Estas cifras no involucran militares, eclesiásticos, periodistas, artistas, ni el cinco por ciento de la población de Madrid produce lo que Carlos Marx denomina "plusvalía".
De allí que el chupatintas oficial, el burocrata al servicio de la República, es uno de los hombres, no más felizes de Espana, sino del planeta. Si era un hombre melancólico, deviene jovial; el irritable, se transforma en ecuánime. Una vez que ha ingresado en la repartición, es casi imposible expulsarle. Comparado con su hermano el chupatintas porteño, el madrileno goza de los privilegios de un dios. Ignora el terrible drama del funcionario argentino: la posibilidad de la cesantía. Mientras que el burócrata porteño, el tinterillo de tercera categoría a cada cambio de "régimen sufre las consecuencias de una expulsión violenta, el burócráta madrileno, nicotizado, cafeinizado, pedante de politicas, glorioso de enjundias, ignora los riesgos del la cesantía y se permite no ya el lujo de hablar mal del gobierno, sino de conspirar. Y el gobierno no puede echarle a la calle."
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EM TEMPO : Ao ver os jogadores espanhóis, depois de, naquela pelada, derrotarem a Argentina, levantando aquele trofeu de uns 40 centímetros em ouro puro, como não lembrar das toneladas daquele metal que eles e os portugueses roubaram aqui do Brasil, do Peru, da Bolivia, do México, da Guatemala e mesmo da Argentina? Como não lembrar que aqueles altares das igrejas, principalmente as de Toledo, foram todos edificados com o ouro e a prata que rapinavam aqui das Minas Gerais?
Nada diferente de Brasília...
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