"Meus textos são como o pão do Egito, a noite passa sobre eles e já não podes mais comê-los" (Rumi)

sexta-feira, 8 de abril de 2016

E a barbárie continua...

La Mutilación Genital Femenina (MGF) es descrita tanto por gobiernos como por organismos internacionales como una violación de los derechos humanos de las mujeres y niñas. Refleja una desigualdad en­tre los sexos muy arraigada, y se considera una forma extrema de discriminación de la mujer.
Un informe presentado re­cien­te­men­te por las Naciones Unidas con mo­tivo del Día de la Tolerancia Cero contra la Mutilación Genital Femenina, ad­vierte que existen hoy en el mundo al me­nos 200 millones de niñas y mujeres que viven con MGF.
Esta práctica, que data de más de mil años, está ligada, entre otras causas, a tradiciones culturales, religiosas, sociales, familiares y co­munitarias y es más común en regiones de África y en algunos países de Asia y del Oriente Medio. Hoy, como resultado de las migraciones, se ha extendido a Europa y a América, convirtiéndola en un problema universal.
Los procedimientos de mutilación genital son realizados en edades muy tempranas, entre la lactancia y los 15 años. Solo son practicados ocasionalmente en edades adultas.
Visto desde el derecho internacional, la MGF viola los derechos a la salud, la seguridad y la integridad física, el derecho a no ser sometido a torturas y tratos crueles, inhumanos o degradantes, y el derecho a la vida en los casos en que el procedimiento acaba con la vida de mujeres y niñas.
Actualmente, e impulsado por ­el Fondo de Población de la ONU (UNFPA) y por el Fondo para la In­fancia (Unicef) se llevan a cabo planes a escala comunitaria, nacional, regional e internacional, con los que se pretende crear conciencia sobre el daño que causa esta práctica. También se bus­can empoderar a las comunidades, a las mu­jeres y a las niñas para que esta sea abandonada.
El programa que llevan a cabo estas organizaciones cuenta con la colaboración de los estados miembros de la ONU para promover un mayor entendimiento de la mutilación genital femenina, así como la necesidad de abordar el problema desde un enfoque basado en los derechos humanos, pero que tenga en cuenta las diferencias culturales.
Desde un punto de vista sanitario, la MGF no aporta ningún beneficio a la salud; al contrario, la perjudica de formas muy variadas, porque interfiere en las funciones naturales del organismo y es causa de dolores intensos, hemorragias, tétanos, sepsis, retención de ori­na, llagas abiertas en la región genital y lesiones de los tejidos genitales vecinos y otras complicaciones.
 
 

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